Visita a la comunidad La Soledad

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El día empezó a las 4 de la mañana, salimos rumbo a Chanjalé que se encuentra a tres horas en vehículo desde Tapachula, en el camino hicimos una parada en Rancho El Porvenir, dónde Lázaro Vázquez nos recibió a desayunar ofreciéndonos caldo de gallina de rancho con tortillas hechas a mano.

Seguimos una hora más de camino y llegamos hasta Chanjalé, ahí ya nos esperaba Don Mario Roblero quién sería nuestro guía en esta aventura. Mario, Esteban y yo (Lucía) con mochila en la espalda cargando agua, impermeables, frutas, gorras, lentes para el sol y cualquier artilugio que pudiera resultar útil en caso de una emergencia. Don Mario, en cambio, solo llevaba un suéter ligero en la mano.

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Empezamos el recorrido, salimos del cómodo camino pavimentado pasando entre las casas y desde el primer paso nos dimos cuenta de que no existía una calle o camino trazado como tal, se trataba de un sendero hacia las montañas, todo eran rocas en un espacio muy estrecho, la pendiente es tan pronunciada que a cada paso nos preguntábamos si seríamos capaces de llegar hasta la comunidad.

Seguíamos a Don Mario que pacientemente nos esperaba cada pausa que hacíamos para tomar aire y fuerzas, pero sobre todo para tomar fotografías de las increíbles vistas que se mostraban a cada momento, vistas que nos alimentaban el espíritu para seguir adelante, la neblina estaba aun baja y el ambiente fresco y muy húmedo, condiciones que nos fueron favorables ya que es imposible imaginar hacer el mismo recorrido al rayo del sol. 

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Por momentos también nos deteníamos a saludar a uno que otro habitante de la zona que al reconocer a nuestro Nodo local Mario López, se mostraban felices por la sorpresa de la visita, no lo podían creer, es muy difícil que alguien los visite hasta la comunidad.

En algunos puntos nos teníamos que mover hacia la orilla del camino para dejar pasar a las mulas que bajaban para ser cargadas con provisiones y que subirían hasta la comunidad y una que otra que ya venía de regreso desde Chanjalé cargada con alimentos, plantas y enseres.

No pasaban ni diez minutos cuando preguntábamos una y otra vez a Don Mario - ¿Todo es subida? ¿Cómo cuánto más falta? ¿Cuánto tiempo tarda usted en subir? Por supuesto con la esperanza de que nos dijera que ya íbamos a llegar, pero nada, aún teníamos que subir, los pequeños espacios de sendero plano eran perfectos para descansar un poco las piernas que por momentos nos traicionaban y se negaban a seguir sin antes descansar.

Cruzamos dos largos puentes hechos de varillas, cable, ramas y algunas tablas, cada paso requería de toda nuestra atención (al menos así fue para mi) ya que, debido a las lluvias constantes de esta temporada, todo el puente estaba cubierto por moho y era muy resbaloso.

Después de dos horas y media de paisajes de ensueño, de caminar entre las nubes, de disfrutar de las plantas de café cargadas con cerezas todavía verdes, de cruzar ríos de agua cristalina, de compartir camino con caballos y mulas, después de saludar a todos los vecinos del lugar que subían y bajaban como si nada, llegamos a la comunidad La Soledad.

Nos recibieron con mucho gusto y sorprendidos porque dicho por ellos “pensábamos que no iban a venir” y nosotros les respondíamos “Por supuesto que íbamos a venir y regresaremos siempre que sea necesario”.

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Platicamos con ellos sobre los avances del proyecto de exportación de su café, estaban maravillados cuando les presentamos las fotografías que llevábamos impresas donde podían apreciar el proceso en el beneficio, la selección, la identificación de cada saco  con el número que corresponde a cada una de las boletas de sus entregas, el camión descargando el café en Tuxtla, la preparación del contenedor, el traslado al puerto de Veracruz,  la travesía cruzando el océano y la llegada al almacén en Barcelona. Pero de todas las imágenes, lo que para ellos resultó ser casi milagroso fue ver las bolsas de café con el nombre de los productores, pensar que del otro lado del mundo (mundo que no imaginan siquiera que existe) podía haber alguien que supiera quién era el productor del café que bebía. Notamos de inmediato que se sintieron motivados para trabajar y cuidar con más ganas sus plantas y el proceso durante y después de la cosecha, en sus palabras “Ahora si vale la pena echarle ganas”.

El ingrediente adicional para el regreso fue la lluvia que nos acompañó y nos refrescó todo el camino, las nubes eran más densas y los paisajes no se pueden describir con palabras, caminábamos en el cielo de La Soledad con el alma llena de satisfacción.

 

Conectamos personas, cosechamos riqueza.

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